Tendemos a pensar que lo más habitual es lo mejor como si
un imán tirase de nosotros. En cualquier
caso, lo más común es la reverencia a nuestras madres, elegir a una mujer para
ser la madre de nuestros, elegir compartir una vida con una mujer. Y daríamos
nuestras vidas por nuestras madres, las madres de nuestros hijos, por nuestras
parejas. Entonces, ¿por qué no luchamos por compartir la misma vida con ellas?:
con las mismas oportunidades, los mismos salarios, mismas responsabilidades.
Estoy de acuerdo con Helen Mirren (ganadora de un Oscar),
cuando en su discurso en la Universidad de Tulane en Nueva Orleans dijo que ¨un
mundo compartido en igualdad por hombres y mujeres sería mejor¨. Esto es una
evidencia constatada por los beneficios de la figura materna en la educación de
esos niños que terminarán dirigiendo países, porque complementan al hombre. Por
desgracia, algunos de ellos terminarán ¨encerrando¨ a sus propias madres entre
las paredes de una cocina. Pero no comparto la misma idea al respecto de que
¨haya que ser feminista independientemente de cuál sea nuestro sexo¨, porque
mientras continuemos pensando que es necesario un calificativo para las
personas que defiende los derechos humanos, no avanzaremos en la dirección
adecuada.

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