sábado, 27 de mayo de 2017

UN BIGMAC ES PARA SIEMPRE


La escena es la siguiente: un niño, huérfano de padre, interroga a su madre sobre rasgos del progenitor, con el que parece no coincidir en nada, excepto por la hamburguesa favorita de ambos.

Por increíble que pueda parecer, justo cuando me estaba rindiendo a la idea de que nuestra existencia no es fruto de una mera combinación aleatoria de moléculas, llega MacDonald´s con una anuncio y nos demuestra como las leyes de Darwin acerca de la evolución de las especies en base a su adaptación al entorno es capaz de afectarnos en tan solo una generación; nada de millones de años, nada de selección natural. Al fin y al cabo un Bigmac es capaz de permanecer inalterado más allá de lo que el carbono catorce llega a datar.

Ahora, sin que ninguna prestigiosa universidad avale esta tesis y, a buen seguro que la multinacional de restauración llegaría a ser muy persuasiva a este respecto, como ya lo ha sido en el pasado, nos demuestran como el ser humano se adapta a un entorno de dieta hipercalórica : obeso mi abuelo, obeso mi padre, obeso yo…Diabético mi hijo.

La voracidad de MacDonald´s no tiene paragón en el reino animal, al igual que los medios empleados para alcanzar sus objetivos: niños recordando a padres muertos o europeos de fútbol en los que inexplicablemente la FIFA ha permitido que se asocie la práctica del deporte con el consumo de hamburguesas.

A partir de ahora se han acabado las pruebas genéticas para determinar la paternidad, un simple y económico test preguntará a padre e hijo cuál era su hamburguesa favorita, y si coinciden, todos los recelos desaparecerán, al fin al cabo a quién le importa que no coincida el color de la piel o de tus ojos.





           


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