La escena es la siguiente:
un niño, huérfano de padre, interroga a su madre sobre rasgos del progenitor,
con el que parece no coincidir en nada, excepto por la hamburguesa favorita de
ambos.
Por increíble que pueda parecer, justo cuando me estaba rindiendo a la
idea de que nuestra existencia no es fruto de una mera combinación aleatoria de
moléculas, llega MacDonald´s con una anuncio y nos demuestra como las leyes de
Darwin acerca de la evolución de las especies en base a su adaptación al
entorno es capaz de afectarnos en tan solo una generación; nada de millones de
años, nada de selección natural. Al fin y al cabo un Bigmac es capaz de
permanecer inalterado más allá de lo que el carbono catorce llega a datar.
Ahora, sin que ninguna prestigiosa universidad avale esta tesis y, a buen
seguro que la multinacional de restauración llegaría a ser muy persuasiva a
este respecto, como ya lo ha sido en el pasado, nos demuestran como el ser
humano se adapta a un entorno de dieta hipercalórica : obeso mi abuelo, obeso
mi padre, obeso yo…Diabético mi hijo.
La voracidad de MacDonald´s no tiene paragón en el reino animal, al igual
que los medios empleados para alcanzar sus objetivos: niños recordando a padres
muertos o europeos de fútbol en los que inexplicablemente la FIFA ha permitido
que se asocie la práctica del deporte con el consumo de hamburguesas.
A partir de ahora se han acabado las pruebas genéticas para determinar la
paternidad, un simple y económico test preguntará a padre e hijo cuál era su
hamburguesa favorita, y si coinciden, todos los recelos desaparecerán, al fin
al cabo a quién le importa que no coincida el color de la piel o de tus ojos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario